En mis escasas, pero aprovechadísimas visitas a Madrid hace años descubrí Dunkin´Donuts.
Salíamos a pasear a primera hora de la mañana y volvíamos a última hora de la tarde, con los pies destrozados pero contentísimos y llenos de anécdotas.
Visitabamos todo, nos recorríamos de punta a punta la ciudad y hacíamos paradas estratégicas para comer, tomar un café, echar un vistazo a las inmensas tiendas (en Béjar no eran tan grandes…).
Y en una de estas… entramos a alegrar nuestro estómago con esta rica bollería.
Desde entonces adoro estos donuts, me encantan de chocolate, rellenos de arandanos, con canela… en fin, todos.
Comerlos me provoca una alegría inmensa, y además me trae unos recuerdos buenísimos. Juancho y yo comprabamos cajas de 12 y al llegar a casa hacíamos de ellos nuestra cena… (algunos comían 10 y otros 2 je je).
Lo malo es que no todo el mundo debe valorárlos tanto como yo, y casi todas las tiendas están cerrando… Menos mal que he encontrado una cerquita de casa (a unos 20 KM´s….), y el pasado sábado hicimos parada y fonda a comprar una cajita para degustarla en nuestra casa.
Si, hice un exceso porque el día y la situación lo merecían, pasamos un día genial (merece otro post) y pusimos el broche de oro con los fantásticos donuts….




